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⌬ Necesitamos vacunas para todos

⌬ Necesitamos vacunas para todos
Por Jorge Galindo • Publicación #7 • Visualizar online
Nos faltan vacunas en el mundo. ¿Esperamos a que la producción se ponga a la altura, exigimos renuncias de países en primera fila ahora, o ampliamos capacidad de fabricación? Y si nos decidimos por ampliar, ¿cómo, para no dañar incentivos futuros a la innovación?
Aquí evalúo las ideas disponibles y propongo una ruta al final: una exención de patentes pero mucho más limitada y específica que la propuesta.

No hay suficientes vacunas para cubrir la demanda mundial.
Esto es un problema para los ~2.000M de personas que viven en países con alto riesgo de contagio y ritmo insuficiente de vacunación.
~1.500M viven en Brasil y en India. El primero está saliendo de una ola brutal que produjo al menos una variante que tiene cierta capacidad para esquivar la inmunidad adquirida y ya está muy presente en otros países. Del segundo aún no sabemos lo que va a salir, pero nos lo podemos imaginar.
Es decir: la falta de vacunas en estos lugares también es un problema para el resto del mundo. Busquemos, pues, soluciones.
Los hechos estilizados clave a considerar [cálculos ilustrativos, asumiendo doble dosis y objetivo de 75% de la población adulta]:
  • Si consideramos al mundo entero, la demanda agregada potencial para 2021 es de ~12.000 millones de dosis.
  • De ellas, ~2.500M corresponden a China + Rusia + UE + EEUU + Reino Unido y otros pequeños con un ritmo de vacunación razonable o muy alto.
  • En países con un ritmo más bajo (Latam), o donde el virus ha explotado por encima (India & vecinos, Brasil) la demanda agregada equivaldría a otros ~2.500M.
  • Hay capacidad de fabricación de dosis por usar en el mundo, propiedad de entidades que no pertenecen al grupo de las que han logrado desarrollar una vacuna efectiva y segura.
  • El mercado de las que sí lo han logrado está compuesto a día de hoy por varios productores: 8 aprobadas para uso completo en diversos países; 6 para uso de emergencia. Y vienen más.
  • La tecnología mRNA tiene un potencial incalculable de generar bienestar a largo plazo más allá de la lucha contra la covid.
Bien. Ahora contemplemos nuestras opciones. Son de tres tipos: esperar, renunciar o ampliar.
¿Podemos esperar?
La primera opción es esperar. Al fin y al cabo Pfizer ha anunciado que llegará a 2.500M de dosis a cierre de 2021; Moderna espera tocar los 1.000M; Novavax ya está lista para comercializar su vacuna; etcétera.
Pero (ah, los peros) solo una fracción pequeña de todo ello sucederá en las próximas semanas o meses inmediatos. Podemos ser optimistas con el tramo final de 2021 y con 2022, pero no veo cómo serlo con el momento actual.
De hecho, en la posibilidad de simplemente esperar hay una trampa: no tenemos una fecha fija para el momento en que se elimine la restricción de oferta. Intuimos que será durante 2021, hacia finales, pero ya. En cierta manera, llevamos ya cuatro meses esperando ese horizonte que nunca se alcanza y, mientras, las muertes + las variantes del virus se nos crecen alrededor.
Creo pues que tiene sentido esperar tiempos mejores, pero no esperar a ellos sin hacer nada.
Difícil renunciar
En un mundo ideal, existiría un mecanismo (centralizado, tipo planificador; o descentralizado, tipo mercado) que asignaría las dosis que fueran saliendo de la cadena de producción siguiendo una estricta fila. Dicha fila estaría diseñada con un objetivo sencillo: reducir el número de muertes al máximo.
En este mundo ideal, una señora de 63 años en Delhi recibiría su vacuna mucho antes que un joven de 29 en Alaska; un asmático en Medellín iría antes que una profesora en un pueblo de Canarias.
No estamos en ese mundo, claro. Y la principal barrera son las fronteras, con todo lo que ello conlleva. Que algunos países tengan fábricas de las 14 empresas que ya están comercializando; que dispongan de acceso privilegiado a los mercados; etcétera. El caso es que la fila que estamos siguiendo no sigue el criterio ideal.
Hacer una fila mejor implicaría una renuncia de los países que están ahora mejor posicionados en ella.
No parece realista. Por ejemplo, tanto España como EEUU han empezado ahora a hablar de exportaciones o donaciones de dosis. El primero ha puesto un requisito: tener a más del 50% de su población totalmente vacunada, para lo que faltan meses incluso al vertiginoso ritmo actual. El segundo solo venderá por ahora 60M de AstraZeneca que no necesita usar porque ya tiene de sobra con J&J, Moderna y Pfizer.
Dar solamente aquello que te sobra nunca fue compartir sino dar limosna, amor.
Si no lo sabes tú, te lo dice Alejandro Sanz.
Y yo añado que en un mundo de Estados-nación, en el que el principal deber e incentivo político para los gobernantes es cumplir con la protección de quienes residen en su territorio, no creo que quepa esperar mucho más.
Aquí el argumento de “las variantes pueden llegar a tu país y hacer menos efectiva tu vacunación” es el único que me parece que tiene visos de funcionar. Pero hasta que no se observe (a Dios gracias todavía no tenemos ninguna variante que escape por completo a la inmunidad de las vacunas disponibles; y no es probable que eso suceda en el próximo año), estaríamos pidiéndole a los gobiernos que renunciasen a un beneficio inmediato bastante alto por evitar un coste incierto a futuro. Difícil.
Así que toca ampliar
Si esperar no basta y la renuncia no es previsible en el corto plazo, entonces necesitamos considerar maneras de ampliar la producción, poniendo a trabajar esos recursos que están infra-utilizados.
Acabar (temporalmente) con las patentes
En octubre de 2020, India y Sudáfrica presentaron una propuesta ante la OMC para aplicar una excepción entre sus 164 países miembros a las normas de propiedad intelectual (patentes, principalmente) hoy día atadas a un acuerdo internacional. La excepción sería para materiales clave en la lucha contra la pandemia, entre ellos las vacunas. Se mantendría, según la propuesta, mientras una mayoría del mundo no haya logrado inmunidad.
Según sus defensores, entre los que se cuentan decenas de gobiernos, Premios Nobel y ex-líderes mundiales, organizaciones como MSF, la propia OMS, expertas en salud pública (I, II)… la absolución de los países de cumplir y hacer cumplir las normas sobre patentes permitiría a fabricantes locales ponerse manos a la obra con vacunas. Por cierto, añaden: este tipo de exención, contemplada en el propio acuerdo y con precedentes, implicaría también una compensación para las empresas afectadas.
Los beneficios del patent waiver están claros… en teoría. Pero, ¿funcionarían en la práctica? Tengo tres prevenciones que emborronan el camino desde la exención hasta la producción; las ordeno de menos a más grave y añado soluciones posibles para cada uno:
⇢ ¿Cómo va a traducir esta exención cada país a su ordenamiento jurídico? La mayoría de ellos ya tienen normas protegiendo la propiedad intelectual, que tendrían que enmendar, lo cual implica abrir decenas de procesos regulatorios nacionales.
El acuerdo, en cualquier caso, se adopta normalmente como ley interna; dependiendo del país y su ordenamiento, podría resolverse por la vía ejecutiva del Decreto.
⇢ ¿Quién y cómo asegura que los nuevos productos cumplen con los requisitos de seguridad y eficacia que requerimos a cualquier vacuna? ¿Nos valen los estudios de fase 1-2-3 ya realizados? ¿No nos valen? ¿Cuándo sí, y cuándo no? Todo ello dependerá además, en no poca medida, de las agencias reguladoras de medicamentos en cada país.
Hay rutas aceleradas para tratamientos, “normas de biosimilares” que admiten que los estudios clínicos se mantengan como válidos cuando el principio activo es el mismo, para abreviar trámites. Claro, que esto está pensado para medicamentos, no para vacunas.
⇢ Aún contando con un cambio ágil en el marco regulatorio, ¿cuál es el proceso exacto de extracción de información que deben aplicar los nuevos fabricantes? ¿Cómo de fácil es traducir eso en adaptación de la capacidad existente? No parece trivial.
No hay solución obvia si las farmacéuticas no colaboran.
Sin asegurar respuestas a todas estas preguntas, la exención de patentes no me parece una solución al problema inmediato.
Además, veo es un coste potencialmente alto sobre todo en un punto: abrir la tecnología mRNA al salvaje oeste de las decisiones discrecionales de cada Estado.
Aún no sabemos hasta dónde nos llevará el mRNA, pero la promesa es ambiciosa. ¿Estamos dispuestos a poner en peligro los incentivos para que la innovación aplicada de mRNA se desarrolle con decenas de dolencias en las próximas décadas? Si lo vamos a hacer, deberíamos al menos asegurar el beneficio inmediato.
[Una nota aquí: el argumento habitual cuantitativo es que un porcentaje elevadísimo del coste de desarrollo de vacunas es de investigación básica con financiación pública. Pero esta investigación es condición necesaria, mas no suficiente, para desarrollar el producto acabado. Sin Estado no hay vacunas nuevas, pero sin mercado tampoco.]
Acuerdos voluntarios entre farmacéuticas
En el otro extremo de las propuestas de ampliación están las que creen más en el mercado auto-regulado.
Desde la dirección de la Organización Mundial del Comercio se ha animado a las farmacéuticas a cerrar acuerdos entre ellas para compartir mediante acuerdos comerciales los planos guía para fabricación de vacunas. Varias lo han hecho: Pfizer con Novartis, Jannsen con Merck son dos ejemplos destacados. Este tipo de acuerdos resuelven en gran medida los tres problemas antes mencionados para el patent waiver, pero ¿son suficientes para cumplir con la demanda urgente no cubierta?
Por ahora, no. Y tampoco se vislumbra ninguna razón para que lo vaya a ser: a todas luces, el miedo a perder el control sobre la propiedad intelectual a largo plazo es mayor que el incentivo de ganancia a corto.
Soluciones intermedias: ¿zanahoria sin palo?
Repasemos: a día de hoy, el fallo de mercado persiste y los actores no lo están resolviendo entre ellos. La intervención sigue pareciendo necesaria.
Pero queremos que dicha intervención sea eficaz para el corto plazo (que no nos ponga más problemas de los que tenemos) y costo-eficiente en el largo (que no nos salga cara).
El mecanismo ideal, pues, debe:
  • Tener una implementación regulatoria extremadamente ágil
  • Asegurar transferencia de conocimiento eficiente entre empresas
  • Garantizar que no se daña el incentivo para la tecnología con más potencial a largo plazo
La propuesta intermedia más articulada que me he encontrado que trata, sobre todo, de salvaguardar el tercer punto es esta del experto en salud pública de la LSE Elias Mossialos:
las organizaciones internacionales como el G-20, la OMS y la UE podrían dedicar sus esfuerzos a reunir fondos de los distintos gobiernos para comprar derechos de patentes y licencias para utilizar los inventos relacionados con la covid-19, lo que los convertiría en bienes públicos universales
Pero claro: las empresas tienen que querer vender.
El problema que anticipo no es tanto de precio alto: es argumentable que casi cualquier precio le valdría la pena a cualquier gobierno, habida cuenta de la capacidad multiplicadora del crecimiento económico que tiene una población rápidamente inmunizada. El problema es determinarlo. ¿Cómo le pones precio a un bien que puede tener ramificaciones incalculables a largo plazo? Es exactamente lo mismo que impide que haya más acuerdos entre farmacéuticas.
Seguimos, por tanto, atrapados en la trampa voluntarista. No necesitamos sólo zanahorias (incentivos positivos). También hacen falta palos (incentivos negativos).
Exención limitada y compensación específica
La idea con la que estoy jugando es una exención de patentes pero no general, sino limitada a aquellos productos que cumplan con las siguientes condiciones:
  • El conocimiento angular es fácilmente transferible
  • La evaluación ágil de seguridad y eficacia bajo marcos existentes es posible
  • No se pone en riesgo futura tecnología; de hecho, se incentiva
Este es el palo. La zanahoria, que ahora tiene forma de compensación a las empresas afectadas, la pondría en términos más específicos, por ejemplo: compensación destinada a desarrollo de vacuna universal contra la covid; una carrera de fondo que ya está en marcha.
Hemos vivido una carrera de velocidad para desarrollar vacunas inmediatas. Tenemos 14 siendo aplicadas en el mundo, lo cual de por sí es bastante impresionante. Pero también tenemos un virus que parece ser bueno mutando, y nosotros le estamos dejando espacio. La estrategia lógica es utilizar las herramientas que ya tenemos para reducir esta probabilidad mientras mejoramos nuestras futuras defensas.
Creo yo, al menos. Pero en cualquier caso gracias por seguirme hasta aquí :)
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Jorge Galindo

Exploro preguntas y respuestas que (creo) nos importan para tomar mejores decisiones colectivas.

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